23 de junio de 2011

Almas en conflicto

– ¿Cómo es posible que estés tirado ahí? Necesitamos buscar comida, anda levántate. –

Y así lo hizo, con tan solo 7 años y ya vivía la cruda realidad del abandono; se levantó con su camisa aún más empolvada y junto a su amiga Lali, emprendieron el comienzo de su día hacia un rico desayuno en los basureros de un restaurante de comida China.

Lali lo miraba comer y pensaba en el día que se lo encontró, junto a aquel kiosco cerca de la plaza, habían pasado ya unos 2 años desde aquel encuentro, y su amistad seguía creciendo con cada día que pasaba..

Las semanas transcurrían prácticamente sin ninguna diferencia; Despertar... Hacia el basurero de aquel restaurante... Limosnear junto a un semáforo cuando su luz se ponía en rojo... Mirar en los basureros algo para la cena....

Todo seguía su roll, hasta ese día, aquél día en que algo trágico sucedió. Yo miraba con desánimo, desde el otro lado de la calle a ese par de niños, sucios, sus caras tristes, seguramente hambrientos, y yo, quejándome por no tener dónde dejar mi auto para comprar un reloj de oro que me iluminó el rostro desde que doble la esquina. Pensaba en lo injusta que es la vida, cuando en ese momento una bala perdida alcanzó el cuerpo de la pequeña Lali, el grito de terror de su amiguito me hizo reaccionar, me levanté y corrí hacia ella, llamé a los paramédicos mientras el niño se agarraba fuerte a mí y con llanto en sus ojos me gritaba que la salvara. Por alguna razón, tal vez lástima, subí a la ambulancia con ellos, sin saber que ese día, nuestros caminos se enlazarían para siempre.

A Lali le daban muy pocas esperanzas de vida, ya que esa bala se alojó muy cerca a su corazón. La enfermera hablaba conmigo fuera de la habitación de la niña, me explicaba que alguien tenía que hacerse responsable de los gastos y que llamarían al Patronato de Infantes. El niño escuchó todo tras la puerta, metió la mano en el bolsillo y contó. Me llamo y me dijo –Acá hay dinero para que Lali no se muera–. Me estremecí al momento, ¢575 era lo que tenía, le devolví su dinero y ofrecí pagar los gastos del hospital. Acordé llevármelo a mi casa, yo vivía solo, tenia espacio, un barrio seguro, etc. Al siguiente día, al llegar a su habitación Marco vio la cama vacía, nadie entendía como una niña de tan solo 11 años había podido salir del hospital, herida y sin que nadie la viera. Marco abrazo la almohada y encontró, bajo ella, una nota, me la dio a mí, ya que él no sabía leer. La nota decía:

Marco, amiguito. No quiero que te preocupes por mí, ayer te escuché hablar con ese hombre y vi en sus ojos, que él estará contigo siempre, yo estaré bien, te lo prometo.


Adopté a Marco como si fuera mi hijo, acepto a ir a la escuela con la promesa de que me encargara de encontrar a su amiga Lali, los siguientes dos años la pasé en tugurios, barrios marginados, buscando a esa niña que muy probablemente no seguiría con vida, contraté investigadores privados, pero sin una foto de ella fue imposible localizarla.



~CONTINUARA~

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